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La pescadería.

In Abogado concurso acreedores, abogado derecho mercantil barcelona on 4 noviembre, 2010 at 19:12

Ayer fui a una pescadería de un mercado a comprar. Nunca había estado antes. Fui a una parada grande en la que me pareció que tenían buen género. Y compré. Había varias personas atendiendo. Me tocó una de ellas. No fue especialmente simpática. Fue correcta. A medida que me preparaba el pescado comprado, vi que no cumplía con lo que le pedí. No limpió espinas exteriores, no acabó de partir las rodajas, no me ofreció si me quedaba con la cabeza para sopa o no la quería, etc. Me entregó la bolsa, pagué y me fui con la seguridad de no volver.

Cerca de dicha parada había otra, también de pescado, más pequeña, regentada por una madre y una hija (lo supe después). Tenían, además de lo comprado, otro tipo de género.  Nada más acercarme a la parada, la hija entabló conversación conmigo sin tener claro si iba a comprar o no. Y tenía claro que era un cliente de paso. A pesar de ello fue simpática. Mientras esperaba mi turno me introdujo en la conversación con la clienta que atendía. Cuando me tocó, quiso saber mis necesidades en relación al género que quería. Para cuantos, como lo cocinaría, cuando, etc. Hablamos del tipo de género y sus características. Y nos despedimos con un hasta luego, aunque ambos sabíamos que difícilmente volvería a comprar, como mínimo en el corto plazo.

Estar de paso y no tener claro si compraría o no, no limitó su buen hacer ni bajar su calidad de servicio.

Yo lo intento. Y situaciones como esta me hacen perseverar en tal actitud. Por ello tomo nota para mi mismo.

  1. Estupendo ejemplo de una buena actitud comercial. Os cuento una situación real: hace un par de años estaba en un centro comercial de Girona impartiendo un curso de comercial. A la hora de comer me fuí a una pizzería del mismo centro y allí observé a una empleada del establecimiento que ofrecía los menús a la gente que pasaba por ahí, pero de una forma amable y nada agobiante. La chica mantenía la sonrisa de una forma natural y no se venía abajo a pesar de las negativas. Era el día de Sant Jordi, y me ofreció una rosa como es la costumbre pero además se preocupó de que estuviera en todo momento bien atendida.
    Me impresionó tanto su forma de actuar que se lo comenté a la franquiciada del curso que yo estaba dando en otro establecimiento. Al día siguiente fuimos las dos a la pizzería para ver como trabajaba esta empleada. La franquiciada quedó tan impresionada que se lo comentó a su marido, ya que éste, tenía entre sus múltiples negocios, un restaurante. Pues os puedo decir, que en la actualidad esta chica trabaja para él, ya que cuando la vió como trabajaba no dudó en hacerle una buena oferta.

    • Hola nuguial, en primer lugar, gracias por gastar tu tiempo en leer. En segundo, comentar que, como todas las que cuento y esta más todavía, es una situación real !. Saludos cordiales,

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